"...Le recuerdo que está usted hablando con un profesional de la seducción, y eso del beso es para amateurs y diletantes de pantufla. A la mujer de verdad se la gana uno poco a poco. Es todo cuestión de psicología, como una buena faena en la plaza. Lo que ocurre es que el hombre, según mi amigo Freud, se calienta como una bombilla: al rojo en un trís, y frío en un soplo. La hembra, en cambio, y esto es ciencia pura, se calienta como una plancha: poco a poco, a fuego lento. Pero eso sí, cuando ha cogido calor aquello no hay quien lo pare, como los altos hornos de Vizcaya.
Lo bueno se hace esperar y por ello con un simple beso en la mejilla me conformé, porque no tengo prisa, ¿sabe?. Hay pardillos por ahí que se creen que si le ponen la mano en el culo a una mujer y ella no se queja, ya la tienen en el bote. Aprendices. El corazón de una hembra es un laberinto de sutilezas que desafía la mente cerril del varón trapacero. Si quiere usted de verdad poseer a una mujer, tiene que pensar como ella, y lo primero es ganarse su alma. El resto, el dulce envoltorio mullido que le pierde a uno el sentido y la virtud, viene por añadidura...."